Este
proyecto corresponde a una vivienda unifamiliar ubicada en el valle de
Tumbaco.
La
principal característica de este proyecto es el juego de materiales, volúmenes blancos que sobresalen unos de otros, se contraponen con
la irregularidad de la piedra que recubre los muros del área del ingreso y
estudio. Este volumen marca la esquina y destaca en las fachadas frontal y lateral derecha. El uso de este material genera
un contraste de texturas entre la
limpieza de los muros blancos y lisos
con la rusticidad y desigualdad de la roca.
La madera
también está presente a lo largo de la vivienda en lo marcos de las ventanas,
en pisos y en la gran pérgola del
porche.
Frente
al proyecto se encuentra un parque jardín que cuenta con una obsidiana de 1.50
de alto y una paineira (Ceibo de flor rosada) como principales elementos
decorativos. Ambos han estado en el lugar por más de 40 años. El frente de la casa colinda con la calle y este
redondel-jardín. Hacia este frente se
abren vanos que enmarcan diferentes puntos de atracción visual. El más importante de estos es
el ventanal de la grada, el cual tiene en primer plano a la
paineira. Las fachadas lateral derecha y
posterior limitan en cambio con el jardín privado de la vivienda. Hacia
él se colocaron grandes ventanales y mamparas que lo integran y conectan a la familia con la naturaleza.
Los
usuarios de la vivienda son una familia de cuatro miembros. Los limites entre
las áreas públicas o sociales y las privadas o intimas se han marcada de tal
manera que puedan funcionar
paralelamente sin estorbarse, ambos tienen accesos independientes y se conectan
entre si a través de la cocina, ésta por
ende, se convierte en el nexo articulador del proyecto.
La
luz es otro elemento enfatizado en la casa. La luz natural entra a raudales
por las grandes aperturas de las paredes
y perforaciones en la losa inundando los espacios de claridad.